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28 de noviembre de 2007 Artur Mas ha expuesto solemnemente los principios básicos de lo que ha denominado la «refundación» del catalanismo. Más allá del consabido oportunismo electoral el largo discurso de Mas expone los objetivos estratégicos inmediatos del catalanismo hasta hace poco hegemónico, invitando al resto del catalanismo a integrarse a esa estrategia. Mas necesita recuperar la «unidad del catalanismo» para que CiU recuperar la hegemonía en el nacionalismo, esto es: el poder. Y esta cuestión pesa demasiado en el discurso restándole credibilidad. El discurso se dirige al «pueblo catalán» soberano pero inconsciente de esa soberanía para despertarlo. Pero ese pueblo catalán soberano es sólo una entelequia. Un entelequia que se plasma en esa quimera que es el «derecho a decidir». Una fórmula que no supera cualquier crítica racional y que procede sencillamente de sustituir intereses por derechos. O dicho de otra manera: los intereses, por otra parte muy razonables, de una élite política en ningún caso pueden ser transformados en un derecho inalienable: el-derecho-del-pueblo-catalán-soberano-a-decidir. Esta es la trampa, el fraude histórico del nacionalismo. De ahí su ilegitimidad, de ahí la ilegitimidad de la «refundación» proyectada Mas. Un proyecto en el que abundan los elementos delirantes cuya irrealidad es conjurada con una amenaza dirigida al Estado: en el caso de que el Tribunal constitucional no sancione el Estatuto, esto es, que no reconozca la soberanía del pueblo catalán soberano, entonces el pueblo catalán soberano ejercerá su soberanía declarando al Tribunal constitucional y al resto del Estado fuera de la ley en Cataluña. Mas cree llegada la hora de crear un nuevo imperio catalán, de «reeditar» el imperio catalán del Mediterráneo y poner a las tribus mesetarias definitivamente en secano: que se queden ellos con España; nosotros a otra cosa. Pero la cuestión no es si su discurso es creíble o no. Si es pura táctica o pertenece a sustancia misma de la doctrina. Si el propio Mas se lo cree o no. La cuestión consiste en el peligro que supone para el orden constitucional y la integridad del Estado: Mas, aunque no lo quiera, tiene que desempeñar ese papel, el soberanista, para recuperar el poder. ¿Dónde entonces queda la posibilidad de pactar con CiU para gobernar la Nación? Si el Sr. Costa, D. Juan, tiene la respuesta, que la comunique. La estamos esperando, ansiosos. Discurso de Artur Mas  |